Hacer figuritas de plastilina y de arcilla fue uno de los mayores placeres de mi infancia. Por un lado estaba la fascinación de hacer materia una idea, pero luego también estaba la magia de poder crear mis propios juguetes. En los últimos años he recuperado esa vía de disfrute a la vez que he descubierto que tengo una necesidad vital de procrastinar  jugando con estos personajes en mi mesa.

 
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